La bahía de Wellington es muy bonita, con el agua color turquesa turbio y las casitas de colores al fondo. La ciudad ya no es tan bonita, es una especie de quiero y no puedo sin sabor.
Hemos ido en busca de pingüinos y focas. De lo primero no hemos encontrado más que un cartel que dice que disminuyas la velocidad porque puede haber pingüinos cruzando la carretera.
De lo segundo....la guía es una cachonda, te dice que es accesible desde la Bahía de Owhiro, que es un paseito y cuando llegas, tienen que ir en coche, sólo todo terreno y por lo menos unos 4Km. Como tenemos un Rav allí que hemos ido y, después de pasarlo un poco mal cruzando ríos y cuestas, nuestros esfuerzos (sobre todo de Manolito que se ha portado como un campeón por el caminito que se las traía) han obtenido su recompensa y hemos visto un montón de focas que te dejaban acercarte a un par de metros, más cerca ya se empezaban a poner nerviosas e intentaban intimidarte. He disfrutado como una enana con ellas, son geniales.
Luego hemos vuelto a la realidad y hemos visitado el Museo Nacional de Nueva Zelanda “Te Papa Tongarewa”. Es gratuito y está en muy buenas condiciones, pero la verdad es que es de coña, es como las exhibiciones de costumbres de Siria sólo que con pelas.
Hay un templo maorí de chichinabo, unas casitas, una canoa enorme; de aquí pasas a una exposición de arte moderno un tanto extraña,
luego un par de salas de arte de pintores ingleses y algún neozelandés de ahora; sigues por unas salas de arte maorí, luego llegas a unas salas de cómo era Nueva Zelanda antes y como es ahora, los bichos autóctonos y los importados (esta sala si está más o menos bien). Aquí te explican que cuando llegaron los europeos (ingleses y franceses en su mayoría) quemaron toda la isla para hacer pastos. Y ahora se dedican a espachurrar a los pobres possums porque se cargan algún árbol que otro, son la pera. Después pasas a una sala de animales marinos, que también está bien, donde hay esqueletos de todos los tipos de ballenas y delfines y un calamar gigante (de unos 3m de largo) conservado en formol. Y por último te sacan fuera a ver un bosquecillo.
Hemos salido a dar una vuelta por Wellington pero llovía y hacía frío así que hemos acabado en el bar de una marca de cerveza muy buena de aquí para hacer tiempo para cenar, pronto porque no hemos comido y hay que acostarse más o menos pronto que mañana a las 5 nos toca estar en pie.
La guía nos ha jugado otra mala pasada con el restaurante, se suponía que había un restaurante con comida maorí muy bueno, pero cuando hemos llegado había desaparecido así que hemos acabado en un turco, muy bueno también y ¡lleno de gente joven! Parece que en la ciudad hay algo más de vida. La calle de moda se llama Cuba.
Mañana pongo más fotos, que esto va muy lento y estoy al borde del suicidio.








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